Cómo se mide la contaminación plástica cuando se quiere decidir con evidencia
Universal Plastic · 2026
El reto de medir el océano
La presencia de plástico en el océano se ha convertido en una preocupación global. A medida que avanza la investigación, crece también la necesidad de medir con precisión qué ocurre en el entorno marino. La información disponible ha aumentado de forma considerable, aunque su interpretación exige un enfoque que tenga en cuenta la complejidad del sistema.
El comportamiento del plástico en el mar responde a múltiples factores. Las corrientes, la temperatura, la radiación solar o la actividad humana influyen en su dispersión, fragmentación y acumulación. A esto se suma la interacción con organismos marinos, que introduce una dimensión biológica difícil de capturar con una única fuente de datos. En este contexto, la monitorización de contaminación plástica requiere una combinación de variables que permita situar cada medición dentro de un marco más amplio.
El reto no consiste únicamente en recoger información, sino en dotarla de contexto. Los datos oceánicos adquieren significado cuando se relacionan entre sí y reflejan las dinámicas reales del ecosistema. Este principio guía el enfoque de ONDAs, que articula su sistema a partir de seis tipos de datos complementarios.
Seis formas de entender un mismo sistema
Las limpiezas de playas aportan una visión directa de los residuos presentes en la costa. Registran cantidades, tipologías y localización, lo que permite identificar patrones de acumulación y presión humana en determinadas zonas.
Las muestras de agua ofrecen una aproximación más precisa a los datos de microplásticos. A través de procesos de filtrado y análisis en laboratorio, se identifican distintos tipos de polímeros y se determina su concentración en puntos georreferenciados. Esta información permite comparar niveles de contaminación entre áreas y a lo largo del tiempo.
Las boyas de microplásticos introducen una dimensión continua en la medición. Su capacidad para filtrar grandes volúmenes de agua y analizar partículas en tiempo real facilita una observación sostenida del entorno marino, especialmente en zonas costeras.
La dimensión biológica
A este conjunto se suman las boyas de biomasa, que registran la actividad biológica mediante tecnología IoT. Estos dispositivos estiman la presencia de peces y calculan variables relacionadas con la biomasa, lo que permite relacionar la salud del ecosistema con la presencia de contaminantes.
Las muestras de peces completan esta lectura al aportar evidencia directa sobre la interacción entre organismos y microplásticos. El análisis de tejidos permite detectar la ingestión y comprender cómo estas partículas se integran en la cadena trófica.
Por último, los datos meteorológicos y oceanográficos, procedentes de programas como Copernicus, aportan el contexto necesario para interpretar el movimiento y la dispersión del plástico. Variables como corrientes, viento o temperatura influyen de manera decisiva en la distribución de los residuos.
Descubre los datos que entran a ONDAs Data Space
Una visión más completa
La integración de estas fuentes permite avanzar hacia una comprensión más completa del sistema. La relación entre datos ambientales y biológicos abre la puerta a análisis que conectan la presencia de microplásticos con su impacto en los organismos marinos. Esta conexión resulta clave para entender cómo se produce la transferencia del plástico dentro de la cadena trófica.
El proceso implica también una transformación del dato físico en información digital estructurada. Cada muestra, medición o registro se convierte en un activo que puede analizarse, compararse y compartirse dentro de un mismo entorno. En este punto, los datos de economía azul y los datos ESG adquieren relevancia como base para decisiones que afectan tanto a la sostenibilidad ambiental como a la actividad económica vinculada al mar.
Una infraestructura que lo hace posible
El desarrollo de esta infraestructura cuenta con el impulso de Universal Plastic, que facilita la operativa necesaria para recoger, validar y estructurar la información. Su trabajo incluye el diseño de protocolos, la integración de fuentes y el acompañamiento a los distintos actores que participan en la generación de datos.
Este enfoque permite construir una lectura más precisa del estado del ecosistema marino. A medida que las fuentes se combinan y se organizan bajo criterios comunes, la calidad de la información mejora y con ella la capacidad de tomar decisiones fundamentadas.









